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© 2017 por Leticia Serrano Díaz. 

El poder personal

Ahora que Mercurio en Capricornio va a unirse con Plutón, hablemos del poder.

 

¿Cómo recuperar el poder personal?: Volviendo a tu centro, ya meditaremos sobre cómo hacerlo.

 

Hace unos años ni siquiera entendía qué era esto de "tu centro" y además creía que el poder lo tenían todos menos yo, el cóctel perfecto para ir de mosquita muerta por la vida.

 

Hoy siento que es realmente simple vivir empoderado, solo hay que practicar el desapego y liberarse del deseo: el reto de toda una vida.

 

 

Pongamos como ejemplo a tu perro:

 

Cada mañana le das una golosina y él la recibe tan ansioso como contento. Un día va a por su caramelito y antes de dárselo le pides que se siente, te dé la patita y ladre al ritmo de la Novena Sinfonía de Mozart. ¿Qué hará él? Todo lo que tú quieras con tal de recibir su premio. Ha perdido su poder, te lo ha entregado a ti desde el momento en que depende de que le des algo que él quiere, y lo ejerces además abusivamente. Tu ego se infla a base de robarle su libertad. Ahí no hay Amor, hay miedo. Puedes extrapolar este caso a todas tus relaciones y observar en qué situaciones eres dueño o perro.

 

 

 

Pensemos ahora en la situación laboral de miles de personas:

 

Tienes cuarenta y cinco años, dos hijos, una hipoteca, un coche que pagas a plazos, la peluquería de los sábados, tus cremas antiarrugas de Shiseido… y un jefe cabrón que "te amarga" la vida (te la amargas tú) mientras te salen cada día más canas. Y, ¡cómo no!, le tienes que bailar el agua. ¿Quién tiene el poder? Tu jefe. ¿Por qué se lo das? Porque lo necesitas, hay muchas facturas que pagar. ¿De dónde nace entonces tu falta de poder personal? De tus inagotables deseos y de haberte dedicado toda la vida a trabajar para otros a cambio de una falsa seguridad que iba a proporcionarte otro.

 

Es falsa porque el día que llegue Urano y todas tus estructuras se desmoronen obligándote a aprender qué es eso del desapego, se adueñará de ti el pánico plutoniano porque en su día le diste todo tu poder a otro, que se aprovechaba de tus apetitos venusinos y las inagotables necesidades de tu Luna. Es un baile, un tremendo juego psicológico entre todos los planetas de tu carta, que solo nos invitan a que probemos el indescriptible sabor de liberar al alma.

 

 

 

 

¿Cómo vas a empoderarte y a ser libre si no te liberas primero de tus deseos? ¿O si te sigues identificando hasta con el largo de tu pelo?

 

Al final la mayoría tenemos el mismo talón de Aquiles: Deseamos la validación externa, ser aceptados por los demás, pertenecer al grupo, al clan familiar. Deseamos seguridad, dinero, ser reconocidos, aunque cada quien lo consiga de una manera. Queremos información, conocimiento, la Verdad. Anhelamos Amor y ausencia de dolor… Es un no parar.

 

Somos carne de cañón de Facebook, de Instagram, de la moda, la imagen, la cirugía, la publicidad, la televisión. De la cifra que marque la báscula o nuestra cuenta bancaria, de las ansias de poseer una casa, un coche, dos semanas de vacaciones, una pareja perfecta, unos hijos ideales y una papada tersa.

 

Se te va la vida en ese mensaje de Whatsapp que no te contestan, en la última conexión que tuvo, en que solo te ha dicho "hola", y no "holaaa". ¿Cómo es posible que le entreguemos nuestro poder a dos letras de menos? ¿Cómo puedes perder tu centro solo con que la persona que te gusta te diga "buenos días, guapa"? Si en ese momento sientes un chute de energía, estás perdida.

 

Cualquier estímulo con el que te alejes de ese lugar tuyo sagrado puede volverse amargo a pesar de ser en realidad totalmente neutro. Si no, mira a ver el poder que tiene sobre ti el café, la nicotina, el azúcar, una propina, los likes, un piropo, un pitido mientras conduces o un simple grito.

 

Observa qué te ocurre cuando se rompe ese cúmulo de células muertas endurecidas que contienen queratina, que llamamos uña, recién hecha la manicura; cuando descubres que le falta a tu coche nuevo un poco de pintura donde ahora hay un arañazo o lo que sientes cuando una esfera de cuero cruza una raya pintada en un trozo de césped que defiende a muerte tu portero favorito cualquier domingo por la tarde.

 

Hoy solo deseo que te lleguen muchos círculos amarillos con dos puntitos y una línea curva cóncava para que puedas seguir siendo un "emoticono feliz".

 

 

 

 

 

 

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