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© 2017 por Leticia Serrano Díaz. 

Humana

 

 

Hoy en un sueño he sentido cómo me iban guiando para mostrarme quién soy, cuál es uno de los patrones más arraigados que tengo. Iba pasando mi vida como aquellas películas mudas antiguas en las que se distinguía cada fotograma... Hace un tiempo me di cuenta de ello, pero esta vez he podido ser consciente de que este mecanismo opera en los detalles aparentemente más superfluos.

 

Contrariamente a lo que pensaba que hacía, creo separación en vez de unión.

 

Querría saber el origen. Podría remontarme a mi infancia y justificar o comprender la huella que dejó la soledad versus la otra cara de la moneda: todo para mí. La marca inconfundible de la hija única.

 

Quizá ese origen no sea  suficiente y tengamos que remontarnos al inevitable trauma del destete o, más atrás aún, del corte del cordón umbilical. Son frases que se suelen utilizar, que todos más o menos sabemos pero poco reflexionamos en esos momentos.

 

Supongo que ese es el sufrimiento de todo ser humano, animal o planta, pero tampoco creo que sea su origen. La experiencia parece que se remonta al alma, y nosotros estamos destinados a experimentar su dolor desde el primer segundo de la encarnación.

 

Es muy duro separarse de una inagotable fuente de amor, salir del nido, de lo que a veces llaman paraíso. Cuanto más lejos de tu origen más deseas volver a casa, pero hasta que no experimentamos el profundo vacío de la soledad, de la individualidad y del ego, seguimos estirando y estirando la goma elástica hasta que por fin soltamos y nos revienta en la cara.

 

La verdad es que no he estudiado Psicología ni soy una maestra espiritual, simplemente me atrevo a compartir lo que siento, pienso, intuyo y aprendo jugando en esta realidad virtual. Que me perdonen la licencia.

 

He pasado la mayoría de mi vida subida en un pedestal. Quizá me colocaron ahí, quizá fui pisando cabezas hasta llegar a él, no lo sé. De cualquier manera, es un regalo envenenado y un deseo inconsciente propio del mismo diablo, para que nos entendamos. Da igual el origen de esa necesidad, la cuestión es que está y no sé muy bien si me quiero bajar. Si me creo que el lugar que nos toca en esta vida es a ras del suelo, no en los cielos, de verdad.

 

Solo me han hecho falta unas cuantas experiencias fuertes para acceder a la inmensa luz y sombra que albergo. Todo gracias a los tortazos simultáneos de Urano pasando por el Ascendente, Mercurio y el Sol mientras Plutón pretende dejar claro quién manda desde el Medio Cielo. Para mí ha sido una apertura en canal. Algo así como estar acostumbrada a vivir en un pueblito incomunicada, donde de vez en cuando llegaba alguna carta, y que de repente el alcalde ponga la fibra óptica de MoviSTAR, te regalen el último modelo de SamSUNg y tus amigos y enemigos del cielo se líen a crear grupos de Whatsapp para felicitarte la Navidad. El sistema colapsa, ponte tú a buscarle el sentido al dibujo de una caca sonriente. La paranoia está asegurada.

 

No sé si me ha quedado una introducción un poco larga... jaja, supongo que es difícil desnudarse sabiendo que llevas puestas tus peores bragas.

 

Es gracioso que la Astrología tradicional llame a Venus "el benéfico menor", cuando siento que es un pequeño chip manipulador.

Hay muchas maneras de subir al pedestal, una puede ser a la fuerza, pero casi tiene más gracia esta:

 

 

 

 

 

Hay personas que somos expertas en ganarnos la simpatía de otros simplemente yendo de buenas por la vida. Creo que ha sido mi caso.

 

Es un mecanismo de supervivencia como otro cualquiera, una de esas máscaras venecianas tan espectaculares que ocultaban las más sucias intenciones de los gánsters, lo que hoy en día podría ser el maquillaje. Somos unas auténticas artistas del camuflaje. Cuando alguien me dice lo guapa que estoy siempre contesto que sé maquillarme muy bien. Cosas de Venus. ¿Y por qué no voy a un evento solo con la propia piel sin ungüentos? Porque perdería privilegios. Así de triste, o de razonable.

 

No hace falta ser mujer para hacer uso del poder de seducción. Resulta que mi casa VII está regida por este planeta y acabo cayendo en las redes de personas tremendamente encantadoras. Con sus buenos modales, una educación ejemplar, de estos que no salen de casa sin conjuntar. Personas que tienen el don de la gracia, la amabilidad, que saben que saben gustar. Tal para  cual. Así es la sociedad. En esa misma casa se encuentra Plutón, o sea que no nos dejemos engañar.

 

Las armas de Venus para gobernar el reino de los cielos pueden ser muchas. Estoy pensando en la gula. ¡Qué capacidad de manipulación tienen los anuncios de Carte d'Or! y lo bien que los imito cuando intento conseguir un pequeño suspiro haciéndole fotos o vídeos a cualquiera de mis guisos. O en la pereza y su habilidad para hacer que devoremos nuestro valioso tiempo compinchándose con el sofá, la cama y los platos sin fregar. No se me olvida la envidia. Esta faceta de mí la descubrí gracias al Eneagrama. ¡Qué originales y diferentes queremos creernos pero cuánto deseo lo que tú tienes y yo no poseo! Estamos de encierro. Podría seguir confesando mis pecados pero lo dejaré aquí que cualquier escorpiano se puede enamorar.  

 

¿De verdad estas virtudes merecen un pedestal? No son más que maneras sibilinas enseñadas y aprendidas para aprovecharnos de las debilidades de otros, de su necesidad de que los quieran, de su ansia de seguridad y de su rechazo al dolor. ¡Ay...! ¡Qué bonita debía de ser la caja de Pandora!

 

Y, por cierto, mi Venus no es precisamente la reina de los escotes, cosa que me hizo sufrir desde niña. Sin embargo se adaptó y descubrió que se podía seducir con palabras, calentar las mentes de los de su casa VII con jueguecitos, acertijos y algún que otro doble sentido.

 

A través del ingenio, el humor y la rapidez para captar y reírse de las ironías de la vida, te llevará a su terreno. Así que, tampoco te dejes engañar con este texto.

 

Es broma.

 

Firmado: Venus en Géminis.

 

 

 

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